
Lidia Rosselló
Fundadora y Directora General

Florencia Riesco
Terapeuta Especialista en Acúfenos y Audiología
La pérdida auditiva tiene un gran impacto negativo en las personas que la padecen (y en sus familias).
La consecuencia más conocida es la dificultad para comunicarse. Esta dificultad puede tener distintos niveles y suele ser lentamente progresiva, por lo que muchas veces cuesta reconocerla.
Sin embargo afecta también a otras áreas comprometiendo en conjunto la calidad de vida.
Es menos conocido su impacto sobre el cerebro, y sobre aspectos cognitivos.
El oído es la puerta de entrada de los sonidos para que estos inicien su recorrido hacia la corteza cerebral, que es donde se procesan y donde se produce la comprensión de los mensajes. Si la puerta está cerrada (o parcialmente cerrada) como consecuencia de una pérdida auditiva, los sonidos no llegan al cerebro. Sin embargo éste no presenta ninguna dificultad, simplemente está esperando que lleguen los sonidos para trabajar con ellos.
¿Pero qué ocurre cuando pasa tiempo y no llegan sonidos o llegan incompletos?
Entonces se altera el funcionamiento del cerebro, su actividad se desorganiza y por lo tanto el trabajo que realiza para analizar, identificar y comprender los sonidos resulta cada vez más difícil y con peor resultado.
Si además añadimos ruido en el entorno, los mensajes se confunden y el cerebro no es capaz de discriminar los mensajes con éxito.
Pero todo esto ocurre en el cerebro, no en el oído.
El tiempo que transcurre desde que se inicia la pérdida auditiva (y por tanto el cerebro comienza a recibir menos información), hasta que se toma la iniciativa de corregir la pérdida auditiva y permitir que los sonidos vuelvan a alcanzar la corteza cerebral es de crucial importancia.
El uso de la tecnología es un componente clave para la mejora de la percepción auditiva. Abre la puerta que se ha comenzado a cerrar y permite otra vez el paso de la información auditiva completa que el cerebro está esperando.
Posponer el uso de audífonos cuando se detecta una dificultad auditiva conduce al aislamiento social, depresión y deterioro cognitivo, entre otras consecuencias.
Pueden transcurrir 10 años hasta que se toma la decisión de recuperar los sonidos que han perdido, de pasar de la identificación del problema a la acción.
¿Se puede recuperar parte de la audición?
Cuanto más tiempo transcurre más difícil es revertir la reorganización anómala del cerebro y recuperar su funcionalidad. A pesar del uso de audífonos persiste la dificultad para entender ya que el cerebro ha “olvidado” sus funciones originales. Después de mucho tiempo vuelve a recibir sonidos pero no sabe qué hacer con ellos.
Es necesario intervenir antes de que el cerebro se reorganice de modo anómalo. Las hipoacusias no corregidas en los adultos producen cambios en la estructura y funcionamiento de la corteza cerebral auditiva. La intervención precoz permite eliminar el deterioro evitable de la audición y por tanto minimizar las consecuencias de la hipoacusia.
La rehabilitación ha demostrado su eficacia en la disminución del deterioro auditivo, cognitivo, del aislamiento social y la depresión.
La negación de las dificultades para oír, la evitación de situaciones que las evidencien, pueden ser abordadas desde la psicología.
La aplicación de la Terapia de aceptación y compromiso en pacientes con pérdida auditiva tiene como objetivos promover la aceptación de la pérdida auditiva y mejorar la flexibilidad cognitiva.
La intervención psicológica puede ayudar a acortar el tiempo entre la detección y la acción minimizando así los efectos colaterales causados por la hipoacusia.






